Vivencias

Deseás tanto lo que no hay,
que te perdés de la única simpleza de tus pasos al caminar,
volando acá,
en este tiempo,
en este lugar,
que también es tu mundo aunque no lo quieras aceptar.
Este mundo caótico y a su vez,
tierno y diferente a otro en toda la galaxia.
Pero vos lo sentís egoísta porque no te quiere mirar.
No te quiere dar eso que anhelás,
y te hace olvidar de tus pasos al volar.
Podemos asumir que debajo de nuestros pies hay un suelo firme por andar?
O seguiremos creando algo que no hay, para no ver lo que hay?
Vivir es soñar despierto por sí mismo.
Uno como es, sin nada más.

Siempre hay una grieta,
donde entra sólo un murmuro de su voz,
que te desespera,
que te quita de todos tus esquemas predispuestos mentalmente,
que te presiona y te hace sentir,
sin preguntarte si querés,
ahí las paredes se caen y estás desnudo.
Hasta el peor muro puede doblegarse.
Las piedras se rajan con el tiempo.
Y flotás…
No hablo de lo que aparentan muchos,
hablo de lo que nos pasa realmente y nadie sabe.

Te cierro las cortinas, soplás y me abrís la ventana.
Cierro las ventanas, me empujás y volvés a imponerte así.
Atónita, lo vuelvo a intentar, lo logré, trabé tus brazos, pero cuando está hecho, abrís la persianas de mi ventana y me encandilas.
Bajo las persianas, con mucho énfasis para no volverte a escuchar, y cuando creo que me liberé de tu aura, vuelvo a mirar… tras las endijas de mi persiana, esa pequeña y odiada endija, estás ahí, mirándome así.
Nunca lo voy a poder evitar, debo acostumbrarme a eso.
Sos el Sol y nunca vas a dejar de estar ahí.

Dicen que era tan sólo un par de abismos marrones revoloteándome cerca.
Los miré tanto tiempo que absorbieron todo a mi alrededor.
Algunos sostienen que si no los observas más de unos minutos no hay qué perder.
Otros en cambio no podemos parar de mirarlos. Los vicios de uno… pueden ser la salvación de cualquiera. Sobretodo de quien padece ceguera. Ceguera a lo ilusiorio, a lo que genera ese acorde en la piel de uno, lo que una caricia crea en la piel de otro.
Cuando tu disfraz, ese que nos sacamos alguna vez, se eriza… el abismo no da vueltas cerca, sino que se mete debajo de ese disfraz, del tuyo y el mío… encontramos todo.
Las resplandecientes ideas de uno de buscar sin importar que haya ahí.
Sin buscar descubrí abismos revoloteándome cerca.
Quise jugar y cuando me dí cuenta…
Eran tus ojos.

PARA TODOS USTEDES

Ya sufríamos bastante,
hacía unos años la oscuridad y los malparidos,
acechaban las casas de nuestras familias,
acechaban corazones.
Los lastimaron, los quebraron,
y los escondieron a luces de todos.
Los escondieron a gritos de todos.
Muchos sabían.
Muchos sabían los fines, sin saber los comienzos.
Muchos tenían sed de vacío.
Algunos en esas épocas se creían superiores a otros.
Algunos a la fuerza eran inferiores.
Muchos huyeron.
Muchos no están.
Muchos están físicamente pero no en espíritu, y nadie los vé.
Nadie los mira… son locos.
Nadie los abrazó.
Nadie los abraza.
No es sólo un 2 de abril o un 24 de Marzo…
No es un feriado más…
Es dignidad y dolor.
Sentimiento por los que ya no están,
Solidaridad y contención al que volvió del todo.
Nuestra humanidad…
No importan las telas,
importa el contenido.
El orgullo y la tristeza de la pérdida de nuestros chicos,
nuestros pibes…
Los que se llevaron sin consentimiento,
y los que formalmente fueron a dar la vida por su país.
Todos los que no están…
Todos los que volvieron.

SI SUPIERAS…

Que tiembla el cuerpo cuando me besas,
que me siento desnuda en tus ojos,
que en tus labios vivo tranquila,
que en tus manos muero en paz,
que en tu perfume me descoloco,
y en tu piel me escondo.
Que mirándote descanso,
haciéndote el amor respiro.
Que teniéndote soy única,
y viéndote dormir sonrío.
Que tu oreja es mi vulgaridad…
y tus manos mi sentido.
Si supieras que mi cama cada vez que te vas…
No me deja descansar.
Ni temblar.
Ni morir.
Ni respirar.
Todo tendría sentido,
sólo si supieras.

Un lío de mil colores. ¿Por qué no? La tristeza también se vive de colores. Así me siento, un gran lío. No un disturbio oscuro, sino una angustia desordenada que no deja de apretarme el pecho. No diferencio una nitidez de otra. No huelo todas mis almas, porque hoy me duelen todas. Lo único que siento es ese olor a nada.
Vacíos de todos colores, pero los conocidos dejan de serlo, y cambian. Nunca fui buen receptor de los cambios, siempre vinieron de prepo, y no pude digerirlos. Los vacíos vuelven. Uno cree que los deja atrás, que los superó. Pero al mirarte al espejo con los ojos llenos de lágrimas sin saber qué sigue, los años pocos vuelven y el mismo sentimiento que hace muchos llantos estacionales cae como la lluvia.
Lío de emociones que abre mi piel, como el calor del fuego abre agujeros pequeños en el celofán. Si no quitamos el fuego rápidamente, cada pequeña abertura se vuelve agujero de ozono.
Así estoy, un agujero es mi piel, uno perdido, nadando en soledad, de los peores de cruzar. Me duelen las manos, soy un río sin cauce.
Me duele vivir muchas veces, cuando no sé qué vida estoy viviendo, cuándo no entiendo, ni quiero el fin.
Así es, esa palabra que no me gusta, pero aparece sin preguntar.

Ser sensible al todo es un detector de irregularidades,
una alerta inconsciente. Pero un aviso vivencial al fin.
Quien lo genera es alguien que nos desconcierta, por eso,
el momento nos brinda esa situación de sorpresa en nuestro alrededor.
Alteración. Surge un estado consciente de incertidumbre, intolerancia y preguntas…
Preguntas y más preguntas de la nada hacia el todo, y viceversa.
Conocerse es la llave y reaccionar con mesura la puerta,
suelo tener mil llaves y destruir las puertas. Las hago trizas. No dejo nada.
Ni siquiera una astilla sobre el suelo.
Ideal sería verte realmente, más allá de la carne,
Explotar nuestras murallas juntos,
sobrepasando la diferencia entre telas estampadas o lisas,
más allá de vos,
de todos ellos,
y de mí.
¿Qué sería el mundo sin malas versiones? ¿No?